Según un informe de las Naciones Unidas, en promedio las mujeres ganan 24% menos que los hombres en el mercado laboral a nivel mundial. Esta brecha de ingresos es solo una de las evidencias de la desigualdad de género que se manifiesta en todos los estratos socioeconómicos, a lo largo y ancho del planeta.

¿Ha habido avances? Sí. Pero todavía queda mucho por hacer.  “Y por qué hacerlo” es la siguiente pregunta que se desprende de este complejo tema, muy popular alrededor del 8 de marzo.

Puede parecernos inverosímil, pero hasta el día de hoy en algunos países se niega a las niñas acceso a atención médica o a una nutrición adecuada, aumentando su mortalidad y truncando su desarrollo; por otro lado, aproximadamente 37.000 menores de 18 años son forzadas a casarse cada día alrededor del mundo. Estos y otros problemas influyen directamente en la educación de las niñas, lo que se traducen en una falta de acceso a aprender habilidades, así como en limitadas oportunidades en el mercado laboral.

La importancia de alcanzar una verdadera igualdad de género radica en que las mujeres representamos al menos el 50% de la población de la Tierra, y por ende, la mitad de su potencial. Al existir inequidades, el resultado es una población femenina que no logra un desarrollo completo de sus capacidades intelectuales ni productivas, complicando y hasta estancando el crecimiento de la comunidad.

En otras palabras, la participación cabal de las mujeres en la fuerza laboral de un país es indispensable para su evolución económica y su desarrollo social, representando incluso puntos porcentuales en sus índices de crecimiento. Evidencia de esto es un estudio publicado por Peterson Institute for International Economics en febrero de 2016, donde se descubrió que las compañías que tienen al menos un 30% de presencia femenina en altos puestos ejecutivos alcanzan un 15% más de beneficios, que aquellas que no las tienen.

Pese a esta tendencia positiva en torno al empoderamiento femenino, cerca del 60% de las