El estrés relacionado con el trabajo es actualmente reconocido por las Naciones Unidas como un problema global que afecta a todos los países, todas las profesiones y todos los trabajadores. Es una situación tan grave y común alrededor del mundo, que en 2016 se dedicó el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo (28 de abril) a despertar conciencia sobre esta problemática.

¿Pero qué se considera estrés laboral?

Los expertos coinciden en que un poco de presión tiene efectos positivos en nuestro desempeño: enfrentar nuevas responsabilidades, alcanzar una fecha límite, esforzarse por un ascenso, son situaciones que nos mantienen alertas y nos motivan a trabajar mejor y aprender más. Si experimentas algo así, no se lo considera estrés.

El estrés laboral se refiere a las situaciones agobiantes e inmanejables que muchas personas afrontan en su lugar de trabajo y que les generan irritabilidad, agotamiento, dificultad para concentrarse, insomnio, molestias estomacales, dolores de cabeza, ansiedad y hasta depresión.

Así que si algo de esto te suena conocido, pon atención. No voy a recomendarte que cambies de trabajo, pero sí vamos a revisar algunas medidas que pueden reducir tu estrés laboral y evitarte problemas mayores.

Hablar es siempre la primera y la mejor opción

Tener una buena comunicación con “el jefe” es una excelente herramienta para evitar el estrés laboral. Cuando sientas que estás bajo mucha presión o que te hace falta un poco de ayuda, siempre es mejor pedirla. No hacer nada al respecto solo traerá angustia y problemas más adelante.

Si crees que tus funciones no son acordes a tu cargo, habla con tu supervisor para revisar la descripción de tu puesto y hacer ajustes si es necesario. Esto beneficiará tu salud emocional y mejorará la productividad de la empresa.

Aprende a decir NO

Aceptar más trabajo del que puedes hacer razonablemente te ocasionará cansancio excesivo, ansiedad y mal genio, así que mejor no lo hagas. Para todos resulta delicado decirle que no a un superior, pero considera que al final del día la mayor parte de personas prefieren una respuesta sincera en lugar de recibir resultados mediocres o enfrentar un incumplimiento de tu parte.

Si tu carga de trabajo es excesiva, explícale a tu jefe que el aceptar un nuevo proyecto hará que la calidad de toda tu actividad se vea afectada.

Organízate

Según un estudio de la Universidad de California, el simple hecho de ver un escritorio desorganizado puede causar que se eleve tu nivel de estrés. Así que antes de ir a casa, dedica unos momentos a poner en orden tu lugar de trabajo para empezar bien al siguiente día.

Al llegar a la oficina haz una rápida lista de pendientes en orden de importancia y resuélvelos de arriba hacia abajo. Otro método interesante de organización es el del “pomodoro”, que divide el trabajo en intervalos intensivos de 25 minutos, seguidos por pausas breves de descanso o dispersión.

Descansar es indispensable

No es necesario esperar a sentirse molesto o agotado para descansar. Lo ideal es que tu jornada laboral incluya pausas planificadas para caminar, tomar un café o conversar con un compañero sobre un tema diferente al trabajo. Una popular opción para “desenchufarse” son las llamadas Pausas Activas, que consisten en una serie de ejercicios de estiramiento que activan la circulación, mejoran la postura y liberan tensión.

Si no puedes abandonar tu zona de trabajo, cierra los ojos por unos momentos y respira profundamente. Recuerda también que el tiempo que le dedicas a dormir es vital a la hora de afrontar las responsabilidades diarias, así que asegúrate de descansar bien cada noche.

El ejercicio y la comida

El estilo de vida que llevas tiene una fuerte incidencia en la cantidad de estrés que experimentas. Está comprobado que las personas que realizan ejercicio regularmente sufren menos ansiedad porque producen más endorfinas (los químicos en el cerebro que nos hacen sentir relajados y felices).

Por otro lado, comer de forma equilibrada es fundamental para mantener en orden tu cuerpo y tu mente y evitar que el estrés afecte a tu estómago, tus defensas y tu sistema nervioso. En términos generales, lo recomendable es evitar la comida chatarra, aumentar el consumo de frutas y verduras, reducir el azúcar y beber mucha agua.

Busca opciones creativas

Lo que haces fuera de la oficina también ayuda a que te tomes las cosas con más calma porque te permite liberar tensión y divertirte. Al menos una vez a la semana realiza alguna actividad que disfrutes y que no tenga nada que ver con tu trabajo: una noche de juegos de mesa, un voluntariado, una clase de cocina… cualquier idea es buena.

También existen opciones para relajarte y distraerte en tu misma oficina, como los populares juguetes y mecanismos anti-estrés. Los más comunes son las esculturas magnéticas, los jardines zen y las pelotas para aplastar, aunque hay cosas más divertidas como juegos de bolos miniaturas y mini sacos de box.